sábado, 13 de febrero de 2016

Estar enamorado no es amar


Estar enamorado no es amar porque amar es un sentimiento y estar enamorado es una pasión. Las pasiones, por definición son emociones desenfrenadas, fuertes, absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash. Hay que entender esto para poder diferenciar después el enamoramiento del amor.

Durante el tiempo que dura el enamoramiento, uno vive en función del otro: si llamó, si no llamó, si no està, si me miró, si no me mirò, si me quiere, si no me quiere… 

Estar enamorado es enredarse en un doloroso placer, el de la disoluciòn en el otro. Si nos detuvièramos a pensarlo en serio nos daríamos cuenta de lo amenazante para nuestra integridad que serìa vivir en ese estado.

Juan Carlos Benìtez, un escritor costarricense, describe la felicidad de estar enamorado en un texto que creo maravilloso:

Cuando estaba enamorado, habìa mariposas por todas partes, la voluptuosidad de la pasiòn me carcomìa la cabeza. Durante todo ese tiempo no escribì, no trabajè, no me encontrè con los amigos. Vivìa pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; consumìa montañas de cigarrillos y toneladas de vitaminas, me afeitaba dos y hasta tres veces por dìa; hacìa dietas, caminatas. Me perseguìa hasta la certeza la paranoia del engaño, pensaba todo el tiempo en besarla, en mirarla, en acariciarla. Durante semanas gastè demasiado dinero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiada esperma y demasiado perfume. Escuchaba demasiada mùsica clàsica, utilizaba demasiado tiempo, consumì toda mi tolerancia y agotè hasta la ùltima de mis làgrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: Nunca he sufrido tanto como cuando era feliz.

El estado ideal de una pareja no es el de aquellos primeros meses en que estaban enamorados, sino el de todo el tiempo en que se aman en el sentido cotidiano, verdadero.

Hay que entender que si bien la pasiòn de estar enamorado es maravillosa,en realidad amar no es menos maravilloso. Amar es fantàstico porque si bien es verdad que no tiene la intensidad de las pasiones, seguro que no, tiene una profundidad de la que el estar enamorado adolece.

Es por esa profundidad que el amor es capaz de aportar estabilidad al vìnculo pagando con la desapariciòn del embrujo y la fascinaciòn. Porque se puede amar con los pies sobre la tierra, mientras que estando enamorado se vive en las nubes.
Uno de los temas que surgen cuando hablo de amar de verdad es la demostraciòn.

Siempre digo que demostrar quiere decir probar sin lugar a dudas que algo es verdad. Si yo tengo que demostrarte es porque parto de la idea que vos no me creès, de lo contrario no hay demostraciòn necesaria.

Entonces, pregunto: ¿Por què tendrìa que demostrar que te quiero? ¿Para probàrtelo?

¿Quièn es el que duda y necesita pruebas?

Si sos vos el que no creès este es un problema tuyo, no un problema mìo. ¿Por què habrìa yo de demostrarte que te quiero?

Nadie “tiene que” demostrar nada.

Borremos de la frase el verbo demostrar, porque suena terrible.

Nadie te puede demostrar el amor, porque en la demostraciòn le crees a lo que ves, al otro no le crees nada. Otro tanto pasa con la palabra mostrar, que presupone que no ves.

Si de vez en cuando me decìs te quiero para mostrarme que me queres, la verdad es que no me sirve, así que no lo hagas. Ahora, si vos me decís te quiero porque es lo que sentis, mas allá de demostrarme nada, por favor no dejes de hacerlo, porque quiero que sepas que me place escucharte. Y a pesar de mi placer nunca lo hagas en función de mi, hacelo en función tuya y de tu sentir o no lo hagas.

No sirven los actos de amor dirigidos a que el otro se entere de que lo quiero.

“Mirà que lindo lo que te regalè para tu cumpleaños, ¿viste cuànto te quiero?…”
Esta es una historia mezquina e irrazonable para conseguir que el otro devuelva con la misma moneda.

Hay gente que te manda flores todos los dìas y no te quiere nada. Y tambièn hay gente que vive con otros que nunca han mostrado nada en toda su vida, y sin embargo se siente querida, gente que sabe que aunque el otro no haga las cosas que otros hacen, cuando lo mira a los ojos sabe.

Yo tengo un amigo entrañable que es un tipo de llamar por telèfono, de ocuparse y mostrar y actuar.

Me siento muy querido.

Y yo, que por ahì no soy tan actuador de esas cosas o estoy màs ocupado, a veces me siento y le pregunto:

– ¿Vos sabes que yo te quiero mucho?
Y entonces èl me dice:
– Sì, claro que lo sè… Vos sos asì, yo ya lo sè.

Y no està precisando que yo le diga, que yo lo llame, que me acuerde de su cumpleaños y que le mande un regalo, porque la verdad es que no le hace falta a nuestro amor.

Cuando hago alguna de estas cosas, entonces èl registra y lo agradece.

Lo importante de toda relaciòn interpersonal no es que yo te diga que te quiero, ni que te lo demuestre. Lo importante es si vos te sentìs querido o no.


Extraìdo de “El camino del encuentro” de Jorge Bucay

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